Notas del editor (verano 2016)

Este post fue publicado con anterioridad en Miudo.

Verano. Sol. Cielo azul. Sí, los días largos han llegado. Se confirma: estamos en verano. Y con él, ha llegado la recogida del fruto… Y así, hablando de la presente estación del año comenzaron los editoriales de los números de otoño, invierno y primavera de la revista más pequeña del mundo. Y así he querido, o más bien intentado, que empezase también el de verano.

No ha sido tarea fácil y es que llevo varios días pensando qué escribir en el último editorial y con la firmeza interior de no darle mayor relevancia y escribirlo como si esto no acabase aquí, como si en octubre fuese a escribir otra vez sobre el número de otoño que habríamos lanzado en septiembre. Pero la realidad es que éste es, de momento, el último número que se va a publicar de esta pequeña y contracultural revista de una sola página.

La inclinación a escribirlo como si se tratase de un número más, venía motivada en gran parte por no darle al último más solemnidad o incluso ese aura de tristeza —tan habitual— que se imprime al hablar de finales. Y es que si algo ha caracterizado a Miudo, incluso antes de convertirse en la revista que es hoy, es que siempre ha proyectado una imagen y un tono en la comunicación muy hedonista. Disfrutar, experimentar, descubrir y compartir forman parte de nuestro ADN.

Así que, como ya hemos llorado las dificultades en más de una ocasión. Volvamos a lo que toca, hablar de todo lo grande que hemos vivido. Lo mejor: contar con el apoyo de 107 mecenas que nos dieron soporte moral y económico, para hacer posible este sueño. Parece poco, pero hay que vivirlo para saber lo difícil que es que más de 100 personas se reúnan en torno a algo que no tenga una gran financiación o soporte. Vivimos en la sociedad de la inmediatez, de la sobreinformación, de la hiperconectividad, del efecto Mateo, del “me gusta”… Y luego, como reza el dicho popular español: “si te he visto no me acuerdo”.

La generosidad de estos grandes y los casi 30 que se han ido sumando durante este año como suscriptores, está a la altura de todos los que desde entonces nos han ayudado de un modo u otro como colaboradores: Santiago, Vanessa, Silvia, Javier, Schere, Fefo, Juan, Eva, Laura, Ventura, Noelia, Vanessa y seguro que me dejo a alguien. Gracias a todas y todos por hacerlo posible.

Antes de despedirme me gustaría volver al formato “clásico” de editorial Miudo y recapitular cómo es el número 4 de la revista. Que por cierto, nuevamente y sin buscarlo ha quedado muy mediterráneo con la ayuda de Alma Andreu y Mar Abad. La fotografía nos llegó desde Valencia y el texto seguramente fue escrito en la ciudad de Madrid pero con el corazón puesto en la Almería natal de la periodista.

La fotografía de “La Forte” ha sido una de las primeras que editamos, de hecho teníamos preparada esta mitad de la publicación desde diciembre de 2015. Así que si pensabais que ese sombrero al viento en ademán de despedida era el resultado de un premeditado plan de cierre, os equivocáis. Quisimos contar con Alma para la foto, porque sus instantáneas en Instagram evocan el placer del verano. Aunque también le podríamos haber dejado hacer doblete con el texto y seguro que también habríamos acertado y hoy disfrutaríamos de una de sus historias de la vida de las cosas pequeñas.

Y qué os voy a contar de Mar, sus historias en Yorokobu nos conectan con mundos de los que nunca habíamos oído hablar y hace que lo desconocido, de repente, parezca cercano y accesible. Contar con Mar ha sido un privilegio, una profesional de referencia, fundadora de la revista sobre creatividad más importante de nuestro país, escribiendo un periodístico viaje por nuestros orígenes mediterráneos, para la revista más pequeña del mundo.

Ya que estamos hablando de autores, quiero dar las gracias a Luis, Juanjo, Donacio, María, Ramón, Lucía y cerrando, las anteriormente citadas: Mar y Alma. A todos ellos les tocó lo que debería ser normal y que, por desgracia, no sucede tan a menudo como pensamos, aportar su trabajo y ser remunerados por ello. Y como venimos de hacer un importante ejercicio de transparencia, queremos dejar constancia del importe de estas colaboraciones. Todos han recibido 100€ por sus piezas, excepto Ramón que declinó cobrar por su texto.

Ahora sí, ha llegado el momento de la despedida. Nos vamos pero volveremos. Quería explicar que han sido varios los factores que nos han llevado a poner en pausa Miudo por un tiempo. Sin entrar en repasarlos todos, hablaré de lo que me atañe personalmente. Buena parte de la culpa tiene que ver con la necesidad de tiempo para finalizar mi tesis doctoral. No es fácil conjugar todo esto con el trabajo como asalariado. Si tienes curiosidad y quieres saber más sobre la tesis, puedes leer las actualizaciones que voy publicando en mi blog. Y, como volveremos, quiero que sepas desde ya, que contamos contigo para lo que venga.

Si todavía no has comprado ningún ejemplar de Miudo te invito a que lo hagas ahora. Te preguntarás el porqué si ya se ha acabado todo, ¿no? Pues bien, vamos allá: en primer lugar porque nunca es tarde. En segundo lugar, porque vas a poder disfrutar de una edición artística limitada de la que sólo existen 250 ejemplares y en tercer y último lugar, porque con tu aportación harás más fácil la continuidad del proyecto, aportando fondos a la asociación para que cuando volvamos a la carga, tengamos más fácil lanzar y comunicar una nueva iniciativa.

No quisiera acabar sin hacer el más importante de los agradecimientos. Gracias Dorothy y Verónica por embarcaros conmigo en esta singular aventura. Está siendo un viaje fascinante.